Sangre mágica y piernas de fibra de carbono en los Juegos Olímpicos

 

Con la tecnología y los productos farmacéuticos dominando nuestra realidad, ¿cómo definimos qué es un esfuerzo humano “natural” en el deporte? El autor del bestseller  The Sports Gene (El gen deportivo) da su opinión.

Yo sabía que Eero Mäntyranta tenía sangre mágica, pero no esperaba verlo en su cara. Le había seguido la pista hasta el círculo polar ártico en Finlandia, donde se dedicaba a la cría de renos –¿qué otra cosa podía hacer allí?–.

Él estaba completamente rojo. No solo por el suéter carmesí con un reno en punto de cruz sobre su panza, pero también por su piel, que era de un rojo granate moteado con violeta. Su nariz bulbosa era del color de una ciruela púrpura. Él aún era blanco en las fotos que había visto en Sports Illustrated en la década de 1960, tras ganar tres medallas olímpicas de oro en esquí de fondo. Pero ahora que era un hombre mayor, su sangre especial lo había vuelto rojo.

Mäntyranta, que falleció a finales de 2013, tenía una rara mutación genética que estimulaba a su médula ósea a producir un salvaje exceso de glóbulos rojos. Los glóbulos rojos transportan oxígeno a los músculos y cuántos más una persona tenga, mejor es su resistencia física. Es por eso que algunos atletas de deportes de resistencia –el más prominente es Lance Armstrong– se inyectan eritropoyetina (EPO), la hormona que le indica a tu médula ósea que produzca células rojas. Mäntyranta tenía aproximadamente 50 por ciento más glóbulos rojos que un hombre normal. Si Armstrong tuviera más glóbulos rojos que Mäntyranta, las regulaciones del ciclismo le hubieran incluso prohibido estar en la parrilla de salida, a menos que hubiera podido demostrar que era una condición natural.

Durante su carrera, Mäntyranta fue acusado de dopaje después de que se descubriera que tenía un número alto de glóbulos rojos. Dos décadas después de retirarse, científicos finlandeses encontraron la mutación en su familia. Su sobrina y su sobrino también la tenían; ella fue campeona mundial de esquí junior, y él ganó una medalla de oro olímpica en ese deporte. Ninguno de los miembros de la familia que no tenían la mutación fueron esquiadores de competición. Mäntyranta no se dopaba, pero era difícil deducir eso dada su fisiología. ¿Qué significa “igualdad de condiciones” para los esquiadores que se entrenaron tan duro como Mäntyranta pero llegaron detrás de él, respirando con dificultad, cuando ganó la carrera olímpica de 15K por 40 segundos, un margen nunca igualado en los Juegos Olímpicos? Mientras que Armstrong se convirtió en un paria por dopaje sanguíneo, el hecho de que la sangre de Mäntyranta estuviera dopada naturalmente es completamente aceptable.

Tal y como están las reglas: tener una rara mutación genética que aumenta increíblemente las células rojas de la sangre es aceptable; entrenarse en altitud para aumentar las células rojas en la sangre es aceptable; pagar miles de dólares para dormir en una cámara que simula los efectos de la altitud es aceptable; inyectarse un fármaco, aprobado para otros usos médicos que hace que el cuerpo responda como si de hecho estuviera a gran altura convierte a la persona en una vergüenza. ¿Dónde trazamos la línea? ¿Dónde termina una ventaja justa y donde empieza el engaño?

En cierto sentido, la respuesta es simple. Los deportes tienen reglas estándar, pero no tiene genes estándar. Violar las reglas, independientemente de si está o no de acuerdo con ellas, es hacer trampa. Los deportes son una suprema invención humana porque aceptan unas normas que han sido acordadas y les añaden significado. El filósofo Bernard Suits formuló una frase para describir la esencia de los deportes como “la aceptación voluntaria de obstáculos innecesarios”. Si usted elud los obstáculos que aceptó voluntariamente, los valores esenciales del esfuerzo se pierden. Sin embargo, dado que la tecnología para mejorar el desempeño ya no está mejorando lentamente sino a velocidad de sprint, cada vez es más difícil determinar qué es justo a la hora de superar obstáculos.

Hace diez años, la Agencia Antidopaje Mundial consideró la posibilidad de prohibir  las cámaras de simulación de altitud. El comité de ética de la AMA dijo que estos dispositivos eran “probablemente contrarios al espíritu deportivo”. Pero los comités científicos de la AMA se pronunciaron en contra de la prohibición. Por eso hoy en día miles de atletas de élite que no viven a gran altitud pueden darse el placer de mantener a sus seres queridos despiertos en la noche con el zumbido de los compresores de las cámara hipóxicas.

La línea es aún más difusa cuando se trata de los aumentos biológicos. El doble amputado sudafricano Oscar Pistorius compitió en sus “piernas de guepardo” de fibra de carbono tanto en los Juegos Paralímpicos como en los Juegos Olímpicos del 2012. ¿Es un discapacitado o un sobrecapacitado? Pistorius fue excluido de los Juegos Olímpicos de 2008 después de que un científico contratado por la organización que gobierna las competiciones de atletismo decidiera que tenía una ventaja injusta. Pistorius apeló la decisión antes de los Juegos de 2012, y un grupo de científicos prominentes que estudió su caso le ayudó a argumentar que en realidad él tenía una desventaja. La prohibición inicial fue anulada. Pero, después de los Juegos de 2012 dos miembros de ese equipo científico se separaron de la decisiónn y publicaron un documento sugiriendo que Pistorius tenía una enorme ventaja. En resumen, encontraron que Pistorius no podía generar la cantidad de fuerza que un velocista de élite genera, lo que compensaba moviendo sus aspas de fibra de carbono ultraligero a través del aire más rápido que otros velocistas podrían mover sus piernas sanas.

La principal diferencia  entre Usain Bolt y usted es que él puede aplicar una fuerza equivalente a aproximadamente cinco veces su propio peso corporal cuando toca el suelo por una décima de segundo – y no la velocidad a la que mueve sus piernas, que de hecho es muy similar a la suya–. Las aspas de Pistorius le permitieron eludir este requisito biomecánico que necesitan los velocistas de élite sin discapacidad. En lugar de tener que aplicar rápidamente una fuerza enorme en el suelo, Pistorius podía dejar su hoja de fibra de carbono en el suelo más tiempo que otros velocistas, generando la fuerza todo ese tiempo, y luego, dado que la fibra de carbono es muy ligera en comparación con una extremidad completa podía azotar la hoja a través del aire rápidamente para compensar por el tiempo perdido. Los dos científicos que publicaron ese estudio lo calificaron como un buen ejemplo de ventaja injusta. El resto de miembros argumentaron que aún así, Pistorius seguía estando en desventaja desde una perspectiva global. Por ejemplo, claramente tenía problemas a la hora de salir de la línea de inicio. Pero la ciencia llegará a una teoría unificada antes de que seamos capaces de contar todos los pros y contras para llegar a un acuerdo preciso sobre si las piernas de fibra de carbono son una ventaja o una desventaja.

Antes de los Juegos Olímpicos de 2012 revisé los datos con ocho especialistas en biomecánica independientes; todos estuvieron de acuerdo en que Pistorious podía mover sus piernas a un ritmo anormalmente rápido, pero cuatro de ellos consideraban que no estaba claro si eso le daba una ventaja injusta, y cuatro decían que ciertamente sí lo hacía.

Cuando la tecnología sustituye al entrenamiento o sirve para complementar a la biología, las líneas que delimitan qué es justo van a ser un poco como el gato de Schrödinger: nuestra mirada colectiva las creará. Eso lo digo de una forma profunda. Hace tiempo que deberíamos de habernos preguntado, de manera abierta y como sociedad, qué es lo que queremos de los deportes. ¿Queremos ver a superhumanos hacer cosas sobrehumanas? Quizás sí. Después de todo, usted probablemente siguió el último Super Bowl, pero probablemente no sepa que el ‘Jugador Más Valioso’, Von Miller, fue una vez sancionado por una violación de dopaje, que de acuerdo a reportes en los medios incluía conspirar con un colector de orina para evitar una prueba de drogas que podía dar positivo. (Miller comentó que “cometió errores”, pero dijo que su suspensión no fue “el resultado de haber dado positivo en una prueba.”) Y, sin embargo, a los aficionados al fútbol parece que no les importa. En el fisiculturismo –que de hecho creó una división “sin dopaje” – habría sido aún menos importante; en el béisbol, hubiera provocado ira. En un deporte olímpico, mientras tanto, habría sido el apocalipsis. Pero no es que a los aficionados no les preocupe las trampas en el fútbol, como lo demuestran los interminables coletazos del “Deflategate”. Así que vamos a aclarar esto: una forma de engaño empleada por el ‘Jugador Más Valioso’ del más importante de los partidos, y que sería un escándalo en la mayoría de los deportes, es esencialmente ignorada; mientras que una nueva forma más novedosa de hacer trampa es un gran problema incluso cuando ni remotamente afecta el resultado del juego. ¿Tiene esto sentido?

No solo es imposible trazar una línea clara en muchos casos respecto a lo que debería ser justo siguiendo razones morales básicas, pero incluso dentro de las reglas ya establecidas aplicamos diferentes normas para diferentes deportes, por razones que rara vez se articulan y que son difíciles de entender. Estos juicios deben estar basados en los obstáculos que hayamos aceptado voluntariamente y que sean esenciales a la hora de aportar significado a los deportes. Vamos a ver muchas decisiones arbitrarias sobre lo que es justo. Sí a las cámaras de simulación de altitud; no a los trajes de natación de baja fricción y de cuerpo completo. Lo mejor que podemos hacer es empezar una conversación seria sobre qué es lo que esperamos obtener de cada deporte. Espero que eso es lo que estamos haciendo aquí.

Fuente: scientificamerican.com