Los científicos ambientales no siempre son “Un enemigo del pueblo”: hidrocarburos cancerígenos en cenotes del Estado de Quintana Roo y Reserva de la biosfera del Caribe Mexicano

Manuel Alejandro Lizardi-Jiménez

CONACyT-Instituto Tecnológico Superior de Tierra Blanca. Av. Veracruz S/N Esq. Héroes de Puebla, Colonia Pemex. C.P. 95180. Tierra Blanca, Veracruz. e-mail: [email protected] Tel. (274) 743 4992

Noruega, 1883, Henrik Ibsen publica “Un enemigo del pueblo”, obra en la que relata la historia del doctor Stockmann y de un pueblo cuyo balneario es la principal atracción turística y sostén de la economía local. El Dr. Stockmann descubre en el agua una bacteria contaminante y decide difundir este conocimiento con lo cual desafía a quienes detentan el poder político y económico en el pueblo. No la pasa bien Stockmann pero Henrik Ibsen, hace 134 años, puso el acento en el dilema de los actuales científicos ambientales que trabajan en sitios turísticos: si se informa de un problema se afecta la economía regional.

Pocas regiones del mundo son tan dependientes del turismo como el Caribe (1) y a pesar de la importancia de la zona en términos no solo económicos sino de los servicios ambientales que proporciona en realidad pocos estudios acerca de la contaminación se pueden encontrar. El Estado de Quintana Roo, en el Caribe mexicano, cuenta con los importantes focos de atracción, incluyendo los cenotes o cavernas inundadas ya que muchas de ellas se han habilitado para bucear o bañarse y a pesar de que sus aguas son cristalinas y hermosas trabajos recientes han detectado presencia de hidrocarburos cancerígenos (2). Un estudio inicial en  nuestro grupo de trabajo  demostró la presencia de los hidrocarburos fenantreno y naftaleno en cenotes de la zona urbana de Cancún.  Posteriormente el mismo grupo de trabajo extendió el muestreo a diversos cenotes del estado en busca de determinar el impacto del tamaño del polo turístico, desde uno bien desarrollado como Cancún y la Riviera Maya, pasando por uno medianamente desarrollado como Chetumal y Bacalar hasta uno escasamente desarrollado, como Holbox. El resultado fue la clara asociación entre el tamaño del destino turístico y la presencia de contaminantes cancerígenos. Se encontró fenantreno, naftaleno, benceno, benzo(a)pireno y pireno entre los HAPs más comunes presentes en cenotes situados en Cancún y Playa del Carmen, dos sitios turísticos desarrollados. También fueron detectados los alifáticos decano y hexadecano.  Otros territorios de Quintana Roo, con desarrollo turístico intermedio (Puerto Morelos, Tulum, Cozumel y Bacalar) revelaron la presencia de hidrocarburos también. En contraste, Holbox, que es un naciente sitio turístico, donde el transporte de turistas y lugareños es bajo, no presentó contaminación por hidrocarburos. 

La estacionalidad de la demanda del sitio turístico es decir si se trató de temporada turística alta o  baja también se estudió (2)  y los datos muestran que la actividad turística mayor se asocia con  mayores niveles de contaminación por hidrocarburos cancerígenos. Ante este riesgo ambiental diversos trabajos han propuesto la biotecnología y el uso de microorganismos como una medida de remediación. 

A diferencia del relato de Ibsen, el dar a conocer estos trabajos no solo no a enemistado a la investigación con los pobladores ni los medios de producción económica (hoteles y servicios turísticos) sino que el mismo gobierno a través de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas utilizó este, junto con otros muchos trabajos para declarar la nueva “Reserva de la Biosfera del Caribe Mexicano” en enero de 2017 (3). Con lo que se pretende proteger la diversidad de elementos bióticos en 5.7 millones de hectáreas, cerca de 1,900 especies de flora y fauna, 500 especies de peces and 86 especies de coral habitan el área de la Reserva.

Dada la persistencia de los hidrocarburos aromáticos cancerígenos el futuro financiero, ambiental y de sustentabilidad de la región no está asegurado y esta información lo deberían saber todo aquel que toma decisiones sobre el manejo de los cenotes. Henrik Ibsen y el Dr. Stockmann siguen siendo vigilantes pertinentes en esta dinámica social, económica, política y ambiental.